Del editor (Hayashiya Eikichi)
¿Los indicadores económicos invitan al optimismo? (Hosono Akio)
El país que no puede disimular su carácter (NAKANISHI Terumasa)
Según el autor, la falta de capacidad de decisión de los políticos japoneses, sería la causa básica de las crisis tanto financiera como política que han afectado al país en el último decenio del siglo. Esta carencia se puso de manifiesto inmediatamente después de las pasadas elecciones a la Cámara de Consejeros del 12 de julio de 1998, cuando la nueva generación de políticos se enzarzó en interminables discusiones sobre la crisis financiera pensando más en impresionar a una emocionable opinión pública que en establecer prioridades y aplicar las medidas más adecuadas. Para superar la actual situación, Nakanishi menciona las dobles reglas del juego que imperan en los países anglosajones para afrontar situaciones de emergencia políticas, financieras, diplomáticas o militares. En tales casos, la administración asume toda la iniciativa, establece las prioridades y gestiona la crisis a puerta cerrada, cortando si conviene el flujo informativo. El autor achaca la falta de decisión japonesa a la idealización por parte de los japoneses de la internacionalización, al sentimiento de particularidad histórica de Japón después de la II Guerra Mundial y la primacía de la emoción y el sentimentalismo sobre la razón. Para superar esta carencia, Nakanishi aboga por el renacimiento de un nacionalismo legítimo liderado por los conservadores, que deberían recuperar una tradición anterior a la última guerra mundial.
Las raíces de la confusión económica (KOJIMA Akira)
El estallido de las burbujas especulativas a finales de la década de los ochenta y los graves errores políticos para encararlas son, según Kojima, el origen de la actual confusión económica que atraviesa Japón. Hasta 1998 la Administración no hizo nada para poner orden en el caos de los créditos irrecuperables dejado tras de sí por el estallido de las burbujas financieras. Los bancos, presas del pánico por la falta del pago interbancario, recortaron los créditos para aumentar su liquidez y el Banco Central se vio obligado a conceder préstamos donde la banca no los daba. La reacción del Gobierno fue inyectar un fondo público de 60 billones de yenes para sanear el sector financiero que a día de hoy parece funcionar con eficacia. Con todo Kojima recalca que la actual crisis económica no obedece a causas cíclicas y apunta cuatro factores estructurales que reclaman una pronta actuación: 1) después de varias décadas, Japón ha alcanzado a Occidente y se ha cerrado el proceso; 2) el país ha tardado en reaccionar a los fenómenos de globalización y megacompetencia; 3) rápido envejecimiento de la población y consecuente subida de la preocupación por el futuro; 4) la industria de la tecnología ha desplazado su centro de la producción a la información. A ello el autor añade el síndrome del éxito que el país sufre después de unas décadas de progreso vertiginoso que impide que Japón afronte con vigor las reformas estructurales.
Las pequeñas y medianas empresas son las joyas de Japón (HASHIMOTO Hisayoshi)
El estallido de las burbujas especulativas a finales de la década de los ochenta y los graves errores políticos para encararlas son, según Kojima, el origen de la actual confusión económica que atraviesa Japón. Hasta 1998 la Administración no hizo nada para poner orden en el caos de los créditos irrecuperables dejado tras de sí por el estallido de las burbujas financieras. Los bancos, presas del pánico por la falta del pago interbancario, recortaron los créditos para aumentar su liquidez y el Banco Central se vio obligado a conceder préstamos donde la banca no los daba. La reacción del Gobierno fue inyectar un fondo público de 60 billones de yenes para sanear el sector financiero que a día de hoy parece funcionar con eficacia. Con todo Kojima recalca que la actual crisis económica no obedece a causas cíclicas y apunta cuatro factores estructurales que reclaman una pronta actuación: 1) después de varias décadas, Japón ha alcanzado a Occidente y se ha cerrado el proceso; 2) el país ha tardado en reaccionar a los fenómenos de globalización y megacompetencia; 3) rápido envejecimiento de la población y consecuente subida de la preocupación por el futuro; 4) la industria de la tecnología ha desplazado su centro de la producción a la información. A ello el autor añade el síndrome del éxito que el país sufre después de unas décadas de progreso vertiginoso que impide que Japón afronte con vigor las reformas estructurales.
El Gobierno de coalición del Partido Liberal Democrático y el Partido Liberal y la cuestión de la seguridad frente a Corea del Norte (Matsushita Hiroshi)
Frente a la amenaza norcoreana (MORIMOTO Satoshi)
El artefacto, presumiblemente un misil, que el 31 de agostó de 1998 sobrevoló el espacio aéreo de Japón y cayó en sus aguas territoriales, puso en evidencia que el país está al alcance de un ataque norcoreano, capacitado para utilizar armas de destrucción masiva. Este progreso constituye una amenaza no sólo para Japón, sino también para el resto de la región. Dada la reacción de determinados sectores japoneses, el autor advierte que Japón no puede garantizar su seguridad al margen de la alianza con Estados Unidos de América (EUA) y sin el refuerzo de su capacidad disuasoria en colaboración con su socio. Sin descartar la política de "aterrizaje suave", consistente en incorporar a Corea del Norte a la comunidad internacional y fomentar graduales reformas para la unificación de ambas Coreas, el autor propone actuar con firmeza, deteniendo el flujo de fondos a Corea del Norte pero colaborando en el proyecto de construcción de dos reactores de agua ligera a cambio de que los coreanos congelen su programa nuclear. Ante los obstáculos políticos y técnicos para desarrollar sistemas de información propios y un sistema de defensa simulado ante misiles, el autor postula la necesidad de reforzar la capacidad de disuasión de los acuerdos Japón-EUA y preparar las leyes que permitan actuar a las FAD ante una ataque inminente.
Juntos de nuevo: el PLD y el Partido Liberal de Ozawa (KAWACHI Takashi)
La formación de la coalición entre el PLD de Obuchi Keizô y el PL de Ozawa Ichirô a principios de este año causó disgustó y entusiasmo en amplias capas de la población. Lo cierto es que el funcionamiento de esta coalición acabó con la idea, muy extendida entre comentaristas y políticos, de que el Gabinete de Obuchi sería un gobierno provisional habida cuenta de la poca confianza que suscitaba el primer ministro. Pocos eran los que pensaban que Obuchi fuera capaz de salir airoso en las negociaciones en la Dieta debido a la falta de mayoría de su partido. En el marco de confusión de intereses y estrategias políticas que reina en Japón, la coalición modificó el equilibrio entre las fuerzas gubernamentales y la oposición, a la vez que reforzaba el poder del primer ministro Obuchi. El autor señala también que con esta coalición se satisfacía la demanda ciudadana de una mayor estabilidad política para poder encarar la crisis económica. En este artículo se repasan las muy diferentes opiniones sobre este nuevo rumbo político y se refleja la maraña de la política japonesa que parece vivir en constante reorganización de partidos.
La diplomacia de Obuchi: cómo sacar provecho de un buen comienzo (TANAKA Akihiko)
Sin proponerse realizar un panegírico de la actividad diplomática de Obuchi Keizô, lo cierto es que Tanaka da una nota alta a su política exterior, que se caracteriza por una actitud marcadamente más activa que la de los gobiernos predecesores. Desde su nombramiento como primer ministro Obuchi ha desplegado una intensa actividad diplomática con la que ha recuperado la buena imagen de Japón, que en los últimos años andaba a remolque de los acontecimientos. Obuchi, a diferencia de sus predecesores, ha sabido plantear propuestas para el noroeste asiático y ha encarado la crisis financiera asiática impulsando la "revitalización económica de Asia". Según Tanaka, el país ha recuperado su imagen gracias a la política de estimulo económico, al estilo keynesiano, puesta en marcha por el Gabinete de Obuchi, y a su constante presencia diplomática a través de políticos con experiencia en relaciones exteriores, que han hecho oír con claridad la voz de Japón. Para que Obuchi pueda consolidar su buen inicio en el terreno diplomático, el autor aconseja que el Gabinete sea "lo suficientemente fuerte para emprender políticas dinámicas" y que su diplomacia corresponda a su potencia. En segundo lugar, advierte de que el Gabinete debe estar formado por ministros con talento y, por último, señala que el Gobierno, apoyado en un equipo fuerte, debe ser capaz de tomar iniciativas estratégicas.
El té y la revolución culinaria en Japón (KUMAKURA Isao)
Con este artículo Kumakura Isao se remonta a los orígenes de la actual tradición culinaria japonesa tan preciada en Occidente por sus cualidades dietéticas pero también por su idea de realzar "las cualidades naturales de los ingredientes". En Occidente, cuentan también con un gran aprecio la delicada presentación de los platos y la decoración, basadas en la sencillez y la sobriedad. Todos estos valores comenzaron a establecerse hará unos 450 años, cuando bajo la unificación de los señoríos feudales, se refinó la ceremonia del té, que dio paso a una suerte de revolución culinaria que perdura en la actualidad. "Kaiseki" es el nombre de la comida que acompañaba a la ceremonia del té y que se opuso frontalmente a la extravagancia, el lujo y los adornos del estilo "honzen" de la clase militar japonesa. Para definir la "kaiseki" Kumakura toma prestada la descripción del monje portugués João Rodrigues: "Ahora se cocinan platos calientes bien sazonados que se sirven a la mesa en su punto, y son abundantes y de alta calidad. Estos platos se cocinan imitando la moda de la ceremonia del té". Ambas modas, hoy tradición, estuvieron fuertemente influidas por el budismo zen. En el artículo, se explican los detalles de su evolución.